América Latina y el Caribe se consolida como un pilar fundamental de la seguridad alimentaria mundial, aportando el 17.2% de las exportaciones agroalimentarias globales. No obstante, el sector enfrenta retos significativos en productividad, trazabilidad y adaptación climática. Ante este panorama, la digitalización surge como un motor estratégico para modernizar la cadena de valor, desde la agricultura de precisión en las fincas hasta el comercio electrónico transfronterizo. Herramientas como sensores de humedad y plataformas de gestión optimizan recursos, mientras que la trazabilidad interoperable facilita el cumplimiento de normativas internacionales y fortalece la confianza del consumidor. A pesar del potencial de la innovación, evidenciado en el 67% de los emprendimientos agrotecnológicos regionales, persistentes brechas limitan su impacto. La desigualdad en la conectividad rural es crítica, ya que solo el 25% de estos hogares tiene acceso a internet. Asimismo, la falta de marcos regulatorios sobre el uso de datos y la limitada articulación público-privada frenan el desarrollo institucional. Para superar estos obstáculos, se recomienda invertir en infraestructura digital, promover plataformas regionales como las Ventanillas Únicas de Comercio Exterior y fomentar programas de alfabetización digital. En conclusión, una gobernanza colaborativa y el apoyo técnico a pequeños productores son esenciales para transformar la digitalización en una herramienta de inclusión que garantice un comercio agroalimentario más competitivo, transparente y resiliente.